El Rey Carlos III fue coronado en una ceremonia histórica en la Abadía de Westminster, donde se le colocó la corona de San Eduardo en una ceremonia solemne que duró cerca de una hora. El evento contó con la presencia de unos 2 mil 300 invitados, incluyendo un centenar de jefes de Estado extranjeros, que presenciaron la tradición medieval iniciada por el Arzobispo de Canterbury, quien presentó a Carlos III a los asistentes como el «Rey indudable». Los invitados mostraron su apoyo con el cántico y los toques de trompeta mientras reconocían al nuevo monarca.
La ceremonia también incluyó el juramento de Carlos III de gobernar al pueblo del Reino Unido y fomentar un entorno donde personas de todas las creencias y credos puedan vivir libremente, tras colocar la mano sobre la Biblia y besar el libro sagrado. Además, el soberano recibió la unción, la parte más sagrada e íntima de los rituales de coronación, para lo que él y Camila se quitaron sus Túnicas de Estado.
Carlos III se sentó en la antigua Silla de Coronación de roble y se le presentaron objetos ceremoniales que simbolizan el poder secular y espiritual, como el Orbe y el Anillo del Soberano. También usó el Guante de la Coronación y sostuvo el Cetro con la Cruz en su mano derecha, mientras que en su mano izquierda tomó el Cetro con la Paloma, que representa la autoridad espiritual y la misericordia.
Una de las piezas más destacadas de la ceremonia fue la corona de San Eduardo, una pieza histórica con un gorro de terciopelo morado, una banda de armiño y arcos entrecruzados rematados por una cruz. La corona, que pesa 2.08 kilogramos, tiene rubíes, amatistas, zafiros, granates, topacios y turmalinas y fue usada por Carlos III solo durante la ceremonia, ya que después cambió a la Corona de Estado Imperial para la procesión de regreso al Palacio de Buckingham.
Así mismo, también fue coronada la Reina Consorte Camila Parker, aunque en una ceremonia más breve que en la del Rey recién coronado.
Tras salir de la Abadía de Westminster, los reyes se dirigieron al Palacio de Buckingham para posar en la tradicional foto del balcón, concluyendo así con los eventos de la esta jornada histórica que no se ha visto en 70 años.

