En un incidente lamentable ocurrido en un supermercado del centro de Monterrey, un hombre indigente fue víctima de violencia por parte de dos guardias de seguridad.
La situación se desencadenó cuando el hombre intentaba resguardarse del intenso calor en la entrada del establecimiento. A pesar de su necesidad de encontrar sombra, los guardias se opusieron y exigieron que abandonara el lugar, advirtiéndole incluso que llamarían a la policía.
El caso empeoró cuando los guardias malinterpretaron la presencia de un pañuelo enredado en la mano del hombre como un signo de consumo de drogas, a pesar de que testigos aseguraron que se trataba de un vendaje improvisado para cubrir una herida. Durante el altercado, el perro que acompañaba al hombre reaccionó ante la violencia y comenzó a ladrarles a los guardias, aumentando la tensión de la situación.
Este triste suceso pone de manifiesto la necesidad de una mayor sensibilidad y empatía hacia las personas en situación de calle. En lugar de recibir ayuda y comprensión, el indigente sufrió agresiones físicas injustificadas por parte de los guardias de seguridad.
