Washington D.C. — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a sacudir al mundo del entretenimiento con una medida inesperada: la imposición de un arancel del 100 % a todas las películas producidas fuera del país. El anuncio, realizado a través de su red social Truth Social, ha generado una ola de reacciones tanto dentro como fuera de Estados Unidos, y plantea un nuevo escenario de confrontación en el ya competitivo mercado audiovisual global.
Trump justificó la decisión alegando que la industria cinematográfica estadounidense está atravesando una “rápida decadencia” provocada por los incentivos fiscales que otros países ofrecen a los cineastas internacionales. En palabras del mandatario: “Este es un esfuerzo concertado de otras naciones y, por lo tanto, una amenaza para la seguridad nacional. Es, además de todo lo demás, mensaje y propaganda”.
Según la agencia Reuters, el presidente ha autorizado al Departamento de Comercio y otras agencias gubernamentales a iniciar de inmediato el proceso para aplicar el nuevo arancel, aunque por ahora no se han revelado detalles técnicos sobre su implementación. Entre los aspectos aún sin definir se encuentran si la medida afectará tanto a películas proyectadas en salas de cine como a contenidos distribuidos vía streaming, ni si el cálculo del impuesto se basará en costos de producción o recaudaciones de taquilla.
El secretario de Comercio, Howard Lutnick, confirmó que “estamos en ello”, mientras la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA) se ha mantenido en silencio frente a los cuestionamientos. Sin embargo, fuentes de la industria aseguran que ejecutivos de estudios están trabajando para entender el alcance y las implicaciones de la medida.
En un mensaje cargado de tono nacionalista, Trump reiteró su postura: “¡Queremos películas hechas en Estados Unidos, otra vez!”. Esta no es la primera vez que el presidente interviene directamente en Hollywood. A inicios de año, nombró a celebridades como Jon Voight, Sylvester Stallone y Mel Gibson para asesorar al gobierno en un plan para revitalizar la industria cinematográfica nacional.
Desde hace años, grandes producciones han migrado fuera de Estados Unidos, tentadas por beneficios fiscales en países como Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda. Estudios como Walt Disney, Netflix y Universal Pictures han optado por rodar películas en estos destinos para reducir costos y maximizar beneficios.
El impacto de esta política ya ha trascendido fronteras. Los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda respondieron con firmeza, asegurando que defenderán sus industrias locales y calificando la decisión estadounidense como “un ataque a la cooperación cinematográfica internacional”.
Expertos del sector advierten que el contexto global complica el panorama. De acuerdo con la firma Ampere Analysis, se estima que para 2025 se inviertan cerca de 248 mil millones de dólares en producción de contenido audiovisual, lo que ha llevado a muchos países a ofrecer incentivos agresivos para atraer parte de ese mercado.
Mientras tanto, el futuro de Hollywood parece incierto, con una industria que enfrenta no solo la presión internacional, sino también un nuevo marco regulatorio que podría alterar significativamente el equilibrio del mercado cinematográfico mundial.
